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La doble vida de Verónica y una sala de operaciones

Sala de operaciones. Intervención rápida pero angustiosa: cirugía laser para corregir hipermetropía. El autocontrol y las pastillas no son lo mío.

Por eso estoy a punto del colapso, porque no me he tomado el tranquilizante que me recetó el médico.

Médicotranquilícela, Mercedes.

Enfermeramuy bien, lo estás haciendo muy bien, cielo. 

Yo (a mí): Mercedes, quien lo tiene que hacer bien sois vosotros. Yo estoy aquí, atada a la camilla. Me acabáis de desenchufar la visión y veo un gris neutro que me está acojonando.

MédicoHala.

Inesperada gota de sudor cae de su frente a la mía bajando lentísimamente por mi sien mientras el resto de hombres de verde se abalanzan hacia mí chocando sus cabezas entre sí mientras boquean expresiones de sorpresa a través de la mascarilla.

MédicoObserven qué insólita grabación presenta la paciente.

Yo: …

Médico (a mí): Tiene la imagen de una chica proyectada en la mecha de una vela grabada en la retina.

YoAh, si.

Equipo médico (al unísono): Oh.

YoEs la imagen preferido de mi película favorita.

Médico: ¿Quiere que se la borremos aprovechando que tenemos que manipular la córnea?

YoSi me la quita cogeré ese bisturí, se lo clavaré en la yugular y seguiré bajando.

Mercedes¿Eso es que no, cielo?

YoEso es que no, Mercedes, gracias por entenderme.

 

La doble vida de Verónica es la película que me hace ver las cosas bonitas con filtro amarillo, disfrutar de la música hasta el extásis y recrear encuentros inquietantes a través de un cristal poliédrico indicador.

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